Los suelos radiantes son una de las mejores elecciones para el baño y debes de tenerlo en cuenta en tu próxima reforma. ¿Por qué afirmamos esto? Lo cierto es que no nos faltan razones y las vamos a compartir contigo.

Pero antes unos pequeños apuntes sobre este tipo de suelo. Para empezar, se puede combinar con todo tipo de pavimentos, pero conviene elegir uno que no sea muy frío y que aguante bien el calor, para conseguir el mejor resultado.

Existen suelos radiantes por sistema de agua y también existen suelos radiantes eléctricos, que son los más utilizados. Debes de informarte sobre ambos para tomar una decisión y escoger el que mejor se adapte a tu baño pero también a tu economía. Puedes poner suelo radiante en tu cuarto de baño sin tener que hacerlo en el resto de la casa.

Razones de temperatura para instalar un suelo radiante

Los cuartos de baño son estancias muy frías y complicadas de calentar. Mucha gente usa los calefactores, los cuales están bien pero tienen un problema. Suelen colocarse sobre la puerta de entrada, es decir, en una zona alta del baño. El aire caliente tiende a ascender. Esto hace que al final el aire más frío sea el que esté en la zona baja del cuarto que es en la que en definitiva nos estamos moviendo.

En el caso de los suelos radiantes el calor sale desde el suelo, por lo que en su ascenso va calentando toda la habitación y siempre estará mejor de temperatura la zona más baja. Como además este calor va por todo el suelo, se trata de una distribución uniforme de la temperatura, algo que no ocurre con un radiador que calienta más justo donde está y al frente, pero menos por los lados.

Razones estéticas para instalar un suelo radiante

La instalación del suelo radiante es totalmente invisible. Esto quiere decir que ya no habrá que preocuparse por dónde se coloca el radiador y por si va a molestar en caso de poner un mueble. No se ve absolutamente nada, pero sí que se siente.

Además, el suelo radiante es muy seguro, porque un radiador o un calefactor pueden acabar quemando a un niño, pero este suelo jamás quema. Y el placer que se produce cuando se sale de la ducha y se pisa un suelo cálido es tan grande que, una vez que se prueba, no es fácil renunciar a algo tan placentero.